
En la imparable vorágine de tecnología y bienestar ficticio el hombre va perdiendo su esencia. Chaplin, Lang, Verne y muchos más nos advirtieron que el hecho de poder ver a una furcia operada dar las campanadas en tiempo real desde Madrid o poder tener un millón de amigos ficticios en una red social no iba a justificar esta debacle moral.
Por eso es tan importante conservar las antiguas costumbres, ese modus vivendi antiguo donde cosas como cerrar un trato con un apretón de manos o quitarse el sombrero ante el paso de una doncella eran parte del manual del hombre de a pie. Digo esto porque ayer, entre ginebras y whiskys, fui reprendido por no haberme despedido de este humilde blog, donde pese a las continuas estupideces de su autor han desfilado acordes geniales, escenas conmovedoras y colosos de la literatura a los que se les debe un respeto, al igual que a los pacientes lectores que han tenido a bien ( o a mal) darse una vuelta para ver que se cocía en la caldera.
A todos ellos, y a usted don Alejandro en especial por haberme abierto los ojos ante tamaña desconsideración por mi parte, les remito a Dylan: “Good bye is too good word, babe, so I’ll just say fare thee well”.
También recomiendo visitar la web donde Alejandro y sus compadres diseccionan una Alemania alternativa en la que Hans, con tonadillas bávaras, encarna los nobles valores que hicieron del país teutón adalid del progreso y cuna de un inconsciente colectivo regado en cerveza y en walkyrias rubias con amplia capacidad torácica donde lo mismo se gaseaba de día que se lloraba con Wagner de noche. No os arrepentiréis de viajar a este delirio ario moenchengládbico:
http://www.meinpresident.es/tag/domingueros-producciones/
Así pues adiós o hasta luego. Lo que llegue antes.








