
Compré este libro hace un par de años en una biblioteca de viejo en Zaragoza y fueron seguramente los 2 euros mejor gastados de mi vida.
Siempre me entusiasmé con los relatos artúricos, todas esas leyendas de la búsqueda del bien absoluto, del amor galante, de los caballeros que no conocían el temor en la batalla, de los dragones que custodiaban riquezas y doncellas, de magos y de lealteades más allá de la razón. Y si encima están recopiladas por Steinbeck (ya hablaré otro día de “Las uvas de la ira”) la satisfacción es doble. No era Steinbeck uno de esos escritores onanistas que llenan páginas para lucimiento personal y para que digamos lo culto que era, no. Su lectura es bien fácil.
Como ya he dicho, el universo artúrico es fascinante. He aquí los principales personajes:
El rey Arturo, hijo ilegítimo del rey Uther y de la esposa de un duque de la corte. El hombre que aglutinó todo el poder de los bretones y que accedió al trono tras sacar la espada Excalibur de una roca.
Merlín, el mago fiel a su monarca que siempre usó sus poderes al servicio del bienestar de su pueblo y que por culpa del amor quedó encerrado en un árbol para siempre.
Ginebra, la bella esposa de Arturo que, sin embargo, se enamora perdidamente del mejor amigo de éste y su más fiel y bravo caballero, que no es otro que …
Lanzarote o Lancelot, el hombre que no conoce la derrota.
Perceval, el alma más pura de Camelot y al que se le encomienda la sagrada tarea de encontrar el Santo Grial.
Morgana, hermanastra de Arturo y madre de su hijo, hechicera y personaje con más claroscuros de la leyenda.
Mordred, hijo malvado de Arturo y Morgana, del cual la profecía dice que acabará con la vida de su padre.
La similitud con las mitologías griega y romana es considerable, así con otras leyendas rúnicas y germánicas (caso de Tristán e Isolda). Que cada cual opine como quiera o, como está muy de moda en nuestros tiempos, como le interese. Lo cierto es que estas leyendas celtas están entroncadas con las de los otros pueblos coetáneos de un modo innegable.
Así que, si estáis hartos de ver la cruda realidad, viajar a este mundo donde el mal no tiene escapatoria y, si os quedan fuerzas, transportar esa utopía a vuestra vida porque si no tendemos al bien absoluto, ¿qué coño estamos haciendo aquí?