Siddhartha (Hermann Hesse)
Publicado por raskolnikoff en Noviembre 26, 2007

Sumergiéndose en la biografía de Buda, Hesse realizó una de las obras maestras de la literatura universal. Ahora que están de moda esos estúpidos libros de autoayuda que dicen que te mires al espejo y sonrías, la gente con problemas debería leer esta obra antes que gastarse los cuartos en filosofía barata escrita por un gañán analfabeto.
Es ni más ni menos que una VIDA la que se desliza por las páginas, la vida de un hombre (hay que recordar que no es Buda, es un alter ego de éste del que incluso se hace discípulo un tiempo) que pudo atarse a muchas cosas en su existencia pero siempre busco más y más hasta que encontró lo que buscaba, no sin antes haber pagado el peaje de la verdadera búsqueda interior, que parece ser resulta bastante doloroso aunque gratificante.
Nacido en un palacio y criado en los placeres, el joven Siddharta comprende un día que esa vida de continuo ocio le deja vacío tras presenciar las penalidades de la existencia. Ni corto ni perezoso, y pese a los esfuerzos de su padre que ya fue advertido del futuro de su hijo, marcha junto con Govinda en la búsqueda del Nirvana.
Su vida ascética le lleva al seguimiento del gran Gautama, Buda. Tras pasar tiempo con él, y aún advirtiendo que efectivamente su maestro ha alcanzado el punto de la felicidad sin retorno, decide emprender el vuelo en solitario, incluso sin su amigo Govinda. Qué gran lección ésta, no se puede conseguir nada importante yendo detrás de alguien. Los maestros son necesarios hasta cierto punto (enhorabuena al que lo descubra a tiempo) que comienzan a fabricar un clon de su discípulo aniquilando su individualidad, que es la base de la felicidad, nadie puede ser feliz viviendo la vida de los demás. Se ve que en España no es un best seller, ¿verdad?.
No me acuerdo si antes o después (hace años que no me leí el libro de nuevo); Siddharta, tras pasar bastante tiempo buscando el Nirvana, se desespera e inicia una serie de mortificaciones de su cuerpo a base de no comer. Tras llegar a un punto en el que su vida pende de un hilo descubre de nuevo que ése no es el camino. No es justo que uno dedique su tiempo a tirarse piedras a su tejado, con la de chuzos que caen de fuera. Los discípulos que le habían seguido, viendo que un día se pone a comer, le abandonan acusándole de vicioso y mundano.
Como este hombre no tenía término medio pasa de la nada al todo. Le acusaban de mundano y él cambia de tercio para tener un trabajo sin alma, degustar delicias gastronómicas en cantidades industriales y beber como un cosaco el día de paga. No contento con ésto se hace amante de Kamala, una mujer que le transporta a los goces sensuales más poderosos e incluso le deja un hijo. Pero como es culo inquieto comprende que tampoco es el camino a seguir, se ve impuro y desgraciado y se quiere suicidar ahogándose en un río.
Casualidad o no, en dicho río se topa con Vasudeva, un barquero que le enseña a comprender el mensaje de la Naturaleza, salvándole la vida. Tras un fuerte contacto con la Madre Tierra, y en especial con el río, Siddharta alcanza la iluminación. Pero como su dios (¿y cuál no?) es tan gracioso le manda a su hijo tras la muerte de Kamala. Éste es un pequeño cabroncete que no hace más que torearle y no hacerle ni puñetero caso. Finalmente se va y Siddharta comprende que si él no siguió al Iluminado, ¿cómo pretender que su hijo del que nunca se ha hecho cargo le tome como referencia?.
Al final, y tras la muerte tranquila de Vasudeva, decide quedarse allá en el río realizando el trabajo de barquero. Un día es su antiguo amigo Govinda quien aparece, y tras una extensa charla en el que Siddharta le explica todo lo que aprendió, también éste comprende que la unidad de todas las cosas es el verdadero significado de la existencia y que sólo el amor al prójimo y a lo que te rodea te libera de las penalidades de los sentidos.
Son magníficas las lecciones que nos deja esta novela, principalmente el hecho de que para conseguir lo que pretendemos no siempre debemos llevar un camino recto. No se puede ser bueno si no has comprendido qué es lo malo. Lo importante es hacer balance tras haber visto lo máximo posible hasta comprenderlo todo como una armonía en la que todo es prescindible pero imprescindible a la vez, y que es la experiencia propia la que determina lo que llegamos a ser realmente.
Me gustaría que leyeran el libro los políticos, los grandes empresarios, los dictadores de tasca, los representantes de religiones organizadas, los homófobos, los xenófobos, los que creen que la razón se compra o se vende o se impone … Pero como la mayoría de ellos apenas sabe leer me doy por vencido, me lo leo yo otra vez y lo recomiendo a aquéllos que lean esto que a fin de cuentas si has llegado hasta aquí tras la parrafada que he metido supongo que tienes gusto por la lectura.
En fin, que nunca te arrepentirás de leer “Siddharta”. Como Hesse es una de mis predilecciones volveré a él con “El lobo estepario”, “Demian” o “El juego de abalorios”. Disfrutar de la obra de una de las personas más geniales del siglo XX.
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