Un respeto a los clásicos

Las obras maestras de la música, el cine y la literatura

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La garra del gato (Sam Taylor-1934)

Publicado por raskolnikoff en Julio 6, 2008

Llevo meses sin hacer una puñetera crítica de cine, y aunque es obvio que no me ganaré la vida así la verdad es que me divierte hacerlas. Estos modestos y estrafalarios homenajes no sirven para saldar mis deudas morales con los genios del séptimo arte (ni mucho menos) pero si alguien ve alguna de estas películas gracias a haber leído algo aquí, y le gusta, supongo que mi karma estará algo más nivelado.

 

“La garra del gato (The cat’s paw)” es una de esas joyas en blanco y negro que La 2 nos solía ofrecer de madrugada antes de convertirse en un coto privado de tontucios modernillos “new wave”. Uno ponía la 2 de madrugada apurando una cerveza y un cigarro y se encontraba con “Doctor en Alaska”, cine clásico, conciertos de los Dire Straits …. Ahora tenemos películas y series españolas (o lo que es lo mismo: pedos, competiciones de quién mea más lejos y olor a sobaquina, todo sobreactuado),  conciertos de Ismael Serrano, entrevistas a “artistas” de cuarta fila que no conoce ni su padre no porque sean contraculturales sino porque son unos maulas y unos jetas y actos culturales donde sale un guineano tocando el djembe en solidaridad con los tañedores de laúd costarricenses. Todo muy étnico, muy buen rollo, muy solidario. En una palabra: SUPERFICIAL. Y encima tienen los huevos de cortar varias veces un concierto de Neil Young para poner anuncios:

 

http://rocknrollmf.wordpress.com/2008/07/02/la-retransmision-de-neil-young/

 

Bueno, antes de que me salga espuma por la boca voy a hablar de la película en cuestión. Ezequiel Cobb (Harold Lloyd) hace su típico papel de “nerd”, sólo que ahora recién llegado de la China pues su padre era misionero en esas tierras. Criado allá en las enseñanzas tradicionales se ve envuelto en una trama política que hace que sea candidato a la alcaldía de Nueva York nada más llegar a los Estados Unidos.

 

Lo que me fascinó de la película es el tratamiento que se hace de la ingenuidad como arma invencible. Ezequiel es un tipo educado en la honradez y la sinceridad, y de golpe y porrazo se encuentra en medio de las corruptelas políticas neoyorkinas. Como se ve, el tema recurrente de las películas de humor actuales de meter al personaje en un mundo totalmente opuesto del que viene ya se hacía en los años 30 …

 

Entre gag y gag Ezequiel va soltando proverbios de un tal Ling Po a diestro y siniestro (ver vídeo de abajo), y George Barbier hace una interpretación magnífica de jefe del partido: Cobb va consiguiendo con el paso de la trama que un político viejo, cansado y  desengañado de todo (Jake Mayo) vuelva a tener fe y valores. Parece sacado de una de Disney pero está tan bien hecho y sin incurrir en tópicos que es una delicia. También el personaje de Lloyd va madurando desde la ingenuidad a un completo dominio de la situación, eso sí, sin desviarse un ápice del camino de la virtud.

 

Me pregunto por qué no tendremos un Ezequiel Cobb en España: un político culto, viajado, educado, que sepa escuchar, ingenuo, incorruptible, recto, trabajador y honrado. Bueno, en la vida real no le dejarían los de las multinacionales, interesa más el perfil cacique de pueblo analfabeto (Aznar) o el perfil marioneta simplona (Zapatero). Me gustaría ser el niño de Mary Poppins para cantar una cancioncilla y que Ezequiel llegase a la Moncloa volando sobre un paraguas ….

 

No es una película de humor, es mucho más. Es la constatación definitiva de que la política es una mierda y de que las personas honradas, con su ejemplo individual, quizás no lleguen a cambiar el mundo pero sí  a los de alrededor. No era Ling Po sino Confucio quien decía: “Aprende del recto y examínate en el equivocado”.

 

Por si no podéis ver el video: http://www.youtube.com/watch?v=2SJxpouYg_w

 

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Hacia rutas salvajes (Jon Krakauer-libro, Sean Penn-película)

Publicado por raskolnikoff en Marzo 23, 2008

Hará cosa de seis o siete años cayó en mi mano un libro que contaba como un típico estudiante americano, recién salido de la Universidad, lo dejaba todo y recorría de vagabundo los Estados Unidos con la vista puesta en Alaska, sin más equipaje que libros de Thoreau,Tolstoi y Pasternak. Pintaba bien y, cosa rara, la realidad fue mejor que las expectativas. Ya perdí la cuenta de las veces que lo he leído.

Años después, no recuerdo cómo, me enteré que Sean Penn iba a llevarlo al cine. Pese a tener buen concepto de este hombre no pude evitar la sospecha de que la película no podría explicar toda la filosofía que desprende el libro de Krakauer. Y, si bien es cierto que conmueve bastante, no dejo de pensar que podría haber sido mejor. Es injusto, ya lo sé. La fotografía, los actores, la dirección, todo está bien hecho. Pero le falta ese “algo” que hace del libro un clásico para las generaciones venideras. Si dudáis entre libro o película recurrir a la hoja impresa y vosotros mismos ponéis los paisajes en vuestra imaginación. Pero la película es buena, muy buena.

Sin duda, lo mejor tanto de Krakauer como de Penn es no haber tomado parte. Ambos evitan opinar si es un loco o un genio, lo cual debe pertenecer al ámbito del lector o del espectador. Si os gusta que os mastiquen la realidad y que ésta salga por el ano de un gurú convertida en panfleto sectario podéis probar a ver “Raza” o cualquier bodrio español contemporáneo que hable de la guerra civil. 

Esta es una historia que no admite políticas ni interferencias, es un idealista inteligente quien se expone al hambre y al frío valiéndose de una fuerza vital arrolladora. No habla en nombre de nadie ni busca fama o riqueza ni se vale del asesinato para conseguir lo que desea, lo que lo convierte en héroe. No es él contra el mundo, es él con el mundo. Y sólo, buscando la verdad universal.

Cada capítulo del libro empieza con una cita subrayada de sus libros de cabecera. Os dejo con alguna de estas perlas y con el trailer:

-  “El poeta se hace visionario a través de una larga, ilimitada y sistemática desorganización de todos los sentidos. todas las formas del amor, del sufrimiento, de la locura, las busca en sí mismo; agota en su interior todos los venenos y conserva su quintaesencia… Oh, dulce e inenarrable tormento que para soportarse requiere la fe más profunda, y una fuerza sobrehumana que lo convierta, entre todos los hombres, en el gran inválido… ¡el gran maldito!.. ¡Y el supremo científico, porque podrá alcanzar lo inalcanzable¡. ¿Qué importa entonces si se destruye en su vuelo extático por lo desconocido y lo inenarrable?” (Rimbaud)

- “Quería movimiento, no una existencia sosegada. Quería emoción y peligro, así como la oportunidad de sacrificarme por amor. Me sentía henchido de tanta energía que no podía canalizarla a través de la vida tranquila que llevábamos” Tolstoi, Felicidad familiar

-“La poderosa bestia primitiva se hacía fuerte en el interior de Buck y, bajo las terribles condiciones de vida de la traílla del trineo, no dejaba de crecer. Pero crecía en secreto, pues su recién adquirida astucia le proporcionaba equilibrio y control de sí mismo” Jack London, La llamada de la selva

-“Ningún hombre se guió jamás por su genio hasta el punto de equivocarse. Aunque el resultado fuese la postración física, o incluso en el caso de que nadie pudiera afirmar que las consecuencias habían sido lamentables, para tales hombres existía una vida conforme a unos principios más elevados. Si recibes con alegría el día y la noche, si la vida desprende la fragancia de las flores y las plantas aromáticas, si es más flexible, estrellada e inmortal, el mérito es tuyo. La naturaleza entera es tu recompensa, y has provocado por un instante que sea a ti mismo a quien bendiga. Los grandes logros y principios son muy difíciles de apreciar. Dudamos de su existencia con facilidad. Pronto los olvidamos. Pero son la más elevada de las realidades.

La auténtica cosecha de la vida cotidiana es tan intangible e indescriptible como los matices de la mañana o la noche. Es como atrapar un poco de polvo de las estrellas o asir el fragmento de un arco iris” Henry David Thoreau, Walden o la vida en los bosques

- “Todo había cambiado de repente: el tono, el clima moral, … No sabías qué pensar, a quién escuchar. Era como si durante toda tu vida te hubieran llevado de la mano como a un niño pequeño y, de pronto, te encontraras solo y tuvieras que aprender a andar. Ya no quedaba nadie, ni la familia ni las personas cuya opinión merecía tu respeto. En aquel tiempo sentías la necesidad de comprometerte con algo absoluto (la vida, la verdad, la belleza, …) que gobernara tu vida y reemplazara unas leyes del hombre que habían sido descartadas. Sentías la necesidad de entregarte a una meta última con todas tus fuerzas, sin reservas, como no habías hecho nunca en los apacibles viejos tiempos, en la antigua vida que ahora estaba abolida y había desaparecido para siempre” Boris Pasternak, Doctor Zhivago

- “La Naturaleza atraía a todos aquellos que se sentían asqueados o estaban hartos del hombre y sus obras. No sólo ofrecía una escapatoria de la sociedad, sino que representaba el escenario ideal para que el individuo romántico practicara el culto a la propia alma que con frecuencia lo caracterizaba. La soledad y la libertad absoluta de la Naturaleza constituían un entorno perfecto para la melancolía y la exultación” Roderick Nash, Wilderness and the american mind 

 

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Paris, Texas (Wim Wenders)- 1984

Publicado por raskolnikoff en Enero 28, 2008

Hay veces que ves que el camino que has andado no era el correcto, y la manera más sabia de actuar ( y la más dura) es volver atrás hasta el principio y empezar de nuevo.

Harry Dean Stanton interpreta perfectamente al hombre derrotado, aquél que sabe que los días felices ya no volverán jamás. Si ves la película sus ojos tristes te acompañarán toda tu vida en el recuerdo. Buscando hoy su filmografía me he dado cuenta que actuó en “Por un puñado de dólares”, “La conquista del Oeste”, “El Padrino” e incluso “La leyenda del indomable”, en la que banjo en ristre tocaba “Midnight special” y “Cotton fields” en su manera original antes que los Creedence Clearwater Revival hicieran sus geniales versiones. En todo caso es un genio de la interpretación que siempre me pasó desapercibido.

Y el mundo descubrió en “París, Texas” la mágica belleza de Nastassja Kinski, una mujer de la que sigo sin saber su procedencia. ¿Es americana?. ¿Rusa?. ¿De otro mundo quizás?. Demasiado bella para ser humana.

Si a esto le añadimos que la dirige Wenders (garantía de calidad), que la fotografía es magnífica con unos planos bárbaros del desierto de Mojave, que la música de Ry Cooder pone la piel de gallina y que tiene unos diálogos espeluznantes (sobre todo el del peep-show) no queda más que encumbrarla al Olimpo del cine moderno. Difícil es hacer un mejor retrato psicológico sin aburrir. Incluso la veo como un antecedente prehistórico de Forrest Gump.

Me gustan las películas que transmiten en su poso un mensaje de esperanza, ya lo he dicho aquí alguna vez. Por algún lado tiene que verse la luz, y si no se ve pues a hacer agujeros hacia arriba para el siguiente que venga detrás. Ni más ni menos. Así es la gente que admiro. Como usted, Travis:

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El golpe (George Roy Hill)- 1973

Publicado por raskolnikoff en Enero 18, 2008

Ya dije en una crítica anterior que Newman y Redford se complementan en la gran pantalla como el tabaco y el whisky. Nunca han visto mis ojos tal entendimiento entre dos grandes como el que destila esta obra maestra; una película que, la mires por donde la mires, es perfecta. Suena exagerado pero yo diría que hasta me quedo corto.

La dirección de Roy Hill (que también dirigió a la pareja en su otra película conjunta, “Dos hombres y un destino”), el genial guión, la magnífica recreación del hampa de Chicago en los míticos años 30, la inconfundible banda sonora, …

Capítulo aparte merece la calidad del reparto, más allá de dos verdaderos fueras de serie como Newman y Redford. Desde Robert Shaw (curioso que sea más conocido por “Tiburón”) hasta el genial Ray Walston desfilan una marabunta de policías, pillos, jugadores, matones y mujeres de mal vivir interpretados de un modo magistral. Pocas cintas ofrecen semejante actuación coral, cosa que sin duda ayudó aún más si cabe a destacar al dúo protagonista.

El personaje de Redford (Johnny Hooker) sigue siendo para mí, casi dos décadas después, un modelo a imitar hasta en la vida real. Si me tuviera que reencarnar en el protagonista de una película sería él, no hay duda. Incluso llegué a comprarme en una tienda de sombreros de un pueblo oscense una reproducción de su gorra. No os riáis de mí, hay gente por ahí que idolatra a Zapatero, Aznar o a Bustamante …

La encadenación de engaños, trucos, trampas y diálogos de la película (totalmente imprevisibles para el espectador) merece que catalogue su guión como el mejor que el cine ha tenido jamás. Sólo el principio merece un Oscar aparte (no profundizo porque intento no destriparla a los que no la hayan visto), si dije que el mejor inicio de una canción rock fue el de “Gimme shelter” éste es su equivalente cinematográfico. Menudo aperitivo para el menú 5 estrellas que viene a continuación.  

Como ya se me acabaron los adjetivos superlativos para calificar esta maravilla pongo punto y final. Los que ya la hayáis visto comprenderéis por qué se me cae la baba de esta manera. Los que no hayáis tenido el gusto todavía no sabéis la envidia que me dáis. Ojalá se me olvidase todas las noches y volviese a verla al día siguiente.

Os dejo abajo la partida de póker donde Paul Newman se hace el borracho:

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Roma, ciudad abierta (Rossellini)- 1945

Publicado por raskolnikoff en Diciembre 31, 2007

Hay veces que un grito supera el lenguaje, se convierte en un símbolo de tal fuerza que no hay palabras para describirlo. Anna Magnani regaló al cine el mejor de todos (ver abajo), es como el de Munch hecho cine. Es curioso que las dueñas de los dos gritos más famosos del cine clásico, y que me perdonen los puristas si me dejo alguno, mueran a mitad de la película, tanto Magnani aquí como Janet Leigh en “Psicosis”.

Pero hay mucho más aparte del desgarrador “!Francesco, Francesco!”. La actuación de Aldo Fabrizi como padre Pietro (basado en un hecho real) estremece casi tanto como el grito de Anna Magnani. Nada de lo que dice en la película tiene desperdicio, deberían sacar un libro sólo de sus frases, escritas ex aequo por dos genios como Rossellini y Fellini. Cuando le veáis en alguna película cómica, más o menos el 90% de su filmografía, comprenderéis que pedazo de actor era este hombre.

Ya sé que el mundo ha conocido héroes con sotana pero, como dice él mismo, es su deber ayudar a los desprotegidos. Quizás en vez de tantas manifestaciones en favor de la familia, oropeles, economatos, encíclicas y sucias maniobras de gente como Rouco Varela debieran exportar más la imagen de aquéllos que viven en medio del horror del hambre, la enfermedad, la guerra y el sufrimiento. Los otros, los que lo vadean y se dedican a dogmatizar sin conocer qué es el mundo real no hacen más que denigrar los ideales de héroes anónimos y propiciar que cada día menos gente los tome en serio. Siento decir esto, señores de las altas jerarquías del clero, pero hizo más Aldo Fabrizi en hora y media que ustedes en veinte siglos. Ustedes sigan mamando de las ubres del poder; y los que pertenezcan a “la otra iglesia”, la que de verdad ayuda a la gente, perdónenme si les he ofendido. No era mi intención ofenderles ni a ustedes ni a su credo.

Dejando las cuestiones extraterrenales, es ineludible señalar ésta película como la pionera (junto con “El limpiabotas” de Vittorio de Sica) de un cine que puso la cámara a ras de suelo, retratando la realidad y el sufrimiento y dejando de lado cualquier atisbo de glamour y sofisticación. Aquí nació el Neorrealismo, que aún hoy en día sigue sacando las mejores películas, sí, ésas que nadie ve de Irán, de la India, de Rusia, … Películas que evitan que el cine se nos suicide a base de caspa y productores más interesados en su colección de Cadillacs que en hacer algo provechoso. Ciertamente, el mundo sería aún peor si no hubiese existido el Neorrealismo.

Al igual que en casi todas las películas neorrealistas italianas los actores no son profesionales (exceptuando a Magnani y a Fabrizi), lo que también debería avergonzar a mucha estrella mediática tanto de sus tiempos como de ahora. Cuando vi “Ladrón de bicicletas” no me pude creer que no fueran profesionales, de verdad. Quizás sea verdad el carácter teatral italiano, quién sabe.

El caso es que ésta película nunca deja indiferente, da igual que la hayas visto una, siete o mil veces. Me siguen desgarrando los gritos y la personalidad de la Magnani, el interrogatorio al Ingeniero, la monstruosa frialdad de la cúpula nazi, las revelaciones etílicas del general tirando por tierra los ideales de la raza aria y, sobre todo, el padre Pietro.

Después de ver ésta película, Ingrid Bergman escribió a Rossellini: “Querido señor Rossellini: he visto sus films “Roma, ciudad abierta” y “Paisà” y me han gustado mucho. Si necesita una actriz sueca que habla muy bien el inglés, que no ha olvidado el alemán, que puede hacerse comprender en francés y que en italiano solo sabe decir ti amo, estoy decidida a venir a Italia a trabajar con usted”. Demasiada modestia para una actriz que estaba en la cima después de haber triunfado con “Luz que agoniza”, “Casablanca”, “Recuerda”, “Encadenados” o “¿Por quién doblan las campanas?”.

El resto de la historia ya la conocéis: fin de la época Magnani, escándalo mundial y Bergman como musa y mujer del genial cineasta que, aunque no llegó más a la altura de “Roma, ciudad abierta” (era casi imposible), dejó obras maestras como “Strómboli” o “Te querré siempre”.

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El acorazado Potemkin (Eisenstein) 1925

Publicado por raskolnikoff en Diciembre 26, 2007

No sé si es cosa de la generación espontánea o de una alineación específica de los planetas, pero el caso es que en un territorio determinado se prende una chispa y comienzan a brotar genios. La gran terna griega (Sócrates-Platón-Aristóteles), el Siglo de Oro español o el Renacimiento son los ejemplos más significativos. Seguramente el último gran boom se produjo en Rusia entre mediados del siglo XIX y principios del XX. La lista es larga y comprende todas las artes: Tolstoi, Dostoievski, Chejov, Stanislavski, Maiakovski, Kandinski, Turgueniev, Gorki, Vertov, Pudovkin, Nijinski, Pasternak, … Curioso comprobar que coincide con la época más turbulenta del país, como bien dijo Orson Welles en “El tercer hombre” y publicó Socioapatía hace poco:

http://socioapatia.wordpress.com/2007/12/13/posters-polacos-de-cine/

De entre ellos aparece Serguei Eisenstein, discípulo de otro genio teatral (Meyerhold)  y que cambiaría para siempre la estructura del cine. A él y a Griffith les debemos las superproducciones épicas y haber convertido al cine en algo más que entretenimiento. Como seguramente comentaré todas las películas de Eisenstein aparco aquí el tema y paso a la obra cumbre, el Potemkin.

No tienes por qué ser comunista para disfrutar con esta película. De hecho, hasta el mismísimo Goebbels la admiraba. Eso sí, hay que avisar que fue un encargo de la cúpula del partido bolchevique (con Lenin recién fallecido), que es tremendamente partidista e incluso falsea los hechos reales de las revueltas populares de 1905. Eisenstein fue el “Leni Riefenstahl” rojo, aunque acabara (¿y quién no?) en el punto de mira del camarada Stalin.

Dejando de lado estas menudencias no me queda más que arrodillarme ante lo que este hombre hizo en 1925. Bueno, él y el gran Eduard Tissé en la fotografía. Convertir a una muchedumbre en protagonista de una película es posiblemente una locura, una dulce locura que eleva esta obra a la categoría de inmortal. No creo que haya un sólo crítico que no la incluya en su lista de preferidas. Sólo hay un personaje con nombre propio, Vakulinchuk, encarnación de la valentía y el sufrimiento del pueblo en una persona, muy del gusto soviético a tenor de la cantidad de iconografía de jefes de estado que produjeron (y destruyeron posteriormente).

Desde la carne agusanada hasta el hermanamiento con la flota del ejército todo son golpes de efecto, una catarsis continua a base de fotogramas. Las panorámicas y los primeros planos se van sucediendo mientras la música guía las emociones. Y hay de todos los colores: indignación, rabia, esperanza, júbilo, amargura, terror. Todo esto va desfilando delante de los ojos, que se rinden. Ya lo he dicho antes pero no puede quedar en el olvido; no sólo es Eisenstein el mago, lo que hace Eduard Tissé con la fotografía está fuera del alcance de cualquiera. Los imposibles ángulos del acorazado, la penumbra del barco al atardecer, los múltiples enfoques de la persecución por las escaleras de Odessa, el entierro de Vakulinchuk, … Y primeros planos colosales como los de la madre, el crucifijo cayendo a cubierta, el cañón apuntando a la cámara, … Desde luego si te gustan las cosas relacionadas con la técnica del cine ésta es tu película.

Y como colofón deja mi escena preferida de todos los tiempos, la masacre de los cosacos a la población de Odessa cuando ésta daba la bienvenida a los amotinados y despedía con honores al héroe caído. La madre, el carro del bebé, el cojo, el paso alineado de los cosacos y mil cosas más ocurren en apenas unos minutos frenéticos, minutos que contienen la esencia de lo que es el CINE, o lo que debería ser. Nunca se dijo tanto en tan poco tiempo detrás de una cámara.

Hubo un tiempo en el que quería ser cineasta, y toda la culpa de ello la tiene “El acorazado Potemkin”. De todos modos, necesitaría un millón de páginas para contar todo lo que me viene a la cabeza cuando pienso en esta película, por lo que pongo punto y final y que cada uno la vea y extraiga sus propias conclusiones. Abajo os dejo la escena de la que hablaba:

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Metropolis (Fritz Lang)-1926

Publicado por raskolnikoff en Diciembre 19, 2007

 Si os aburre el cine mudo no creo que os interese este post. Si, por el contrario, sois fanáticos de esa magia que sólo podía transmitir el blanco y negro ya habréis visto esta película, por lo que huelga comentarla.

Entre los muchos méritos de Fritz Lang en la cinematografía destacan dos poderosamente. El primero es haber convertido en cineasta a Buñuel (supo su vocación tras ver “Las tres luces”), y el segundo es ser el equivalente de Julio Verne en el cine con “Metrópolis”.

Desgraciadamente, el régimen nazi en Alemania y McCarthy en los E.E.U.U. nos privaron de una filmografía más extensa y de mayor calidad desde que hizo “M, el vampiro de Dusseldorf” en 1931. En su huida a América dejó a su mujer y musa Thea von Harbou, afín al nazismo, y su cine nunca volvió a ser el mismo, en parte también (al igual que Chaplin) por la innovación del cine sonoro, donde no tenía cabida el expresionismo de su época alemana. Pese a ello, en su periplo por Hollywood nos dejó perlas como “Perversidad” o “Los sobornados”, que coronan la filmoteca de cualquier cinéfilo que se precie.

“Metrópolis” vaticina, en 1926, como iba a ser la sociedad de nuestros días. Y la verdad es que no iba desencaminado del todo. A estas alturas de la humanidad (sí, sin mayúsculas) sigue existiendo una sociedad que vive arriba sin dar un palo al agua y una sociedad de abajo que no sólo vive para trabajar sino que encima tiene que estar agradecida a los de arriba por permitírselo. Todo está mecanizado y la única válvula de escape de este mundo es el amor, y más si es con una de las de arriba (aunque en la película sea al revés). Viendo esta película puede que te de por pensar para qué cojones vale el progreso si a lo único que va encaminado es a aumentar las diferencias. Pero en fin, que esto es cine y no el debate del estado de la nación.

Reconozcamos pues el mérito al señor Lang y no busquemos tintes políticos en la obra (tildada de comunista), pues los genios no creen en política. Basta echar un vistazo al ruedo ibérico para darse cuenta que pocos componentes del hemiciclo podrían escribir su nombre sin cometer faltas de ortografía. Para vuestra salud mental recomiendo ver más cine bueno y menos telediarios, que dan úlceras y suelen desinformar aún más.

Os dejo el trailer por si os llama la atención:

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Las aventuras de Jeremiah Johnson (Sydney Pollack)

Publicado por raskolnikoff en Diciembre 10, 2007

Pese a que llevo unos meses haciendo este blog aún tengo un miedo atroz a escribir sobre algunas obras; ya sean películas, canciones o libros. Es muy injusto juzgar en unas líneas tanta genialidad, tanto trabajo, tantas horas de inspiración, … Con esta película se multiplica ese miedo. Sinceramente, no sé expresarme para explicar esta maravilla de film.

Siempre tuve a Robert Redford en un altar. Debía ser muy crío cuando vi “El golpe”, ese magnífico mano a mano suyo con Paul Newman. Y nunca jamás me defraudó posteriormente. Si sé que Redford hace una película, invariablemente acabaré viéndola y me acabará gustando. Y lo mismo pasa con Newman. Son dos actores que se complementan como el tabaco y el whisky, al igual que John Wayne y Dean Martin o Humphrey Bogart y Edward G. Robinson. Lástima que aparte de “El golpe” sólo rodaran juntos otra (pero vaya otra): “Dos hombres y un destino”.

La película es el mayor homenaje que yo haya visto a la montaña en el cine, es casi más protagonista que Redford. Rodada en las Rocosas (dónde si no); cuenta la vida en la Naturaleza de Jeremiah Johnson, un hombre que abandona harto la civilización para convertirse en un trampero. Allá, mientras aprende supervivencia a marchas forzadas, va teniendo contacto con los pocos humanos que la habitan. Cada encontronazo enciende una chispa de filosofía, de primitivismo atávico mezclado con reglas propias de convivencia en un hábitat despiadado. Y el hilo conductor es el silencio.

Resulta curioso que esta película se pase por la piedra a la “nouvelle vague” con sus silencios. El falso intelectualismo del cine de arte y ensayo queda en absoluto ridículo ante esta magistral catarata de silencios, especialmente cuando Jeremiah está con su mujer y con el huérfano, que es mudo y no por casualidad. Es normal que hablemos mucho en una ciudad ante la contaminación acústica que nos rodea, pero en la montaña …. Es la montaña la que regula el tiempo y el ánimo, y los que allá moran lo acatan. Ya lo dice un cazador: “No admito más iglesia que la Naturaleza”. Si nos ponemos simplistas, ése podría ser el lema de la película.

No os voy a contar lo que le sucede a Jeremiah en su peregrinar por los picos nevados, no os destriparé la película. Bueno, lo que os puedo decir es que le pasa de todo. Pero hay que verla para entenderlo, hay que comprender los silencios tanto de los personajes como de la montaña. Y cómo un hombre puede moldearse hasta ser uno con lo que le rodea. Y qué caras pueden resultar las equivocaciones allá arriba. Y tantas cosas más. 

Toda la película (actores, guión, director, escenarios, …) es una obra maestra sin discusión, un documento imprescindible para aquéllos que se vean agobiados entre tanto cemento, tanto ruido y tanto muerto viviente. Si eres lector de Jack London no entenderé que no la hayas visto.

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La quimera del oro (Chaplin)

Publicado por raskolnikoff en Noviembre 15, 2007

¿Qué se puede decir de un tipo que no sólo era un gran director de cine, sino también un gran actor, un gran productor, un gran músico, un gran guionista, ….? No creo que haya habido nadie tan completo en la historia del cine. El único que le puede hacer sombra (y a distancia) es el gran Orson Welles. 

Esta película costó una gran fortuna de la época y casi arruina a Chaplin. Era perfeccionista hasta extremos enfermizos, lo que hizo que tuvieran que rodar las tomas una y otra vez hasta que eran de su agrado. Pero la verdad es que mereció la pena. El mismo Chaplin dijo que le gustaría ser recordado por esta película, fue su niña mimada, por encima de cintas posiblemente mejores y más revolucionarias como “Tiempos modernos” o más emocionales como “Candilejas”.

Charlot contrae la fiebre del oro y parte hacia Alaska en busca de un futuro mejor. Cuando se da cuenta que no todo el monte es orégano se encuentra atrapado en una cabaña en medio de la nada con un asesino y un cazador hambriento de dimensiones XXL. No quiero contar más, verla, que vuestros ojos se acostumbren a la pureza del cine en blanco y negro, disfrutar de todos esos gags, del banquete a base de zapatos, del baile de los panecillos, del huracán, del oso, de todo. Es una epopeya cómica, este hombre vestido de vagabundo hizo de las desdichas de su época humor, la gente iba a las salas y se olvidaba de guerras, de hambres, de dolores. Se veían encarnados en él, en ese pobre diablo incapaz de hacer daño a nadie, en ese pelele en manos del destino.

No sé si hago bien en calificar “La quimera del oro” como humorística. Tiene aventuras, romances, llanto, filosofía, … Es sencillamente perfecta y la hizo prácticamente sólo.

Para acabar os dejo la escena donde se cena sus botas, magistral parodia de una época donde tantas guerras consiguieron que casi el 80% de la población mundial pensase en imitarlo:

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Casablanca

Publicado por raskolnikoff en Noviembre 5, 2007

No se puede hablar de cine clásico sin mencionar esta película. ¿Es realmente tan buena? ¿Merece toda su fama? Sin ninguna duda, y os diré la causa: Humphrey Bogart

Nadie hizo ni hará jamás de perdedor cínico como este hombre y nadie tuvo ni tendrá tanto estilo. Es el personaje por excelencia, un hombre con el que empatizas hasta grados inauditos, el tipo que todos querríamos ser. Ha habido mejores actores que Bogart (Brando, Newman, Hoffman,…) pero ninguno ha marcado tanto al espectador, y la cúspide de su carrera es “Casablanca”. Es arriesgado decir esto tras haber visto “El halcón maltés”, “Tener o no tener” o “La reina de África” pero el papel del alcohólico y misántropo Rick Blaine en esta película es la encarnación de nuestro héroe de niñez, el tipo duro e idealista a la vez.

No hay ninguna película con tantas escenas memorables como ésta, ni tantos grandes actores juntos. Y qué decir de un guión donde un jefazo nazi le pregunta la nacionalidad a Humphrey y él responde “borracho”. El imaginario colectivo guarda perlas como la Marsellesa, el beso, “éste es el principio de una gran amistad”, la gran borrachera de Bogart (a las que también era proclive en la vida real), el “siempre nos quedará París”, … Y, sobre todo, el dilema de si el amor todo lo puede, cuando Rick antepone la virtud y el bien común a la mujer de su vida.

A la vera de “Casablanca” Woody Allen hizo su mejor película (es opinión mía), “Sueños de un seductor”. La película es un homenaje colosal, con Woody haciendo de Bogart y Diane Keaton de Ingrid Bergman. Y los geniales Hermanos Marx parodiaron en su caótica “Una noche en Casablanca” toda la historia del hombre que buscó en el fondo de los vasos de whisky de un bar marroquí de los años 40 el consuelo de haber perdido el pilar de su vida.

Aunque no lo digan en la película (no exactamente así), no puedo dejar de darme el gustazo, así que:

Tócala de nuevo Sam:

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