Un respeto a los clásicos

Las obras maestras de la música, el cine y la literatura

Archivos de la categoría ‘Cine’

Gilda (Charles Vidor)

Publicado por raskolnikoff en Septiembre 7, 2009

El amor es un juego peligroso. La gran mayoría de las personas seguramente no han pasado por el trance de caer rendido a los pies de alguien, han sustituido el amor por un matrimonio o noviazgo de conveniencia con una pareja por la que no se siente nada, si acaso apetito sexual efímero. El qué dirán si me quedo soltero, necesito sexo de vez en cuando, soy gay pero que no se entere nadie, a ver quién me hace la comida, quiero hijos como sea y cosas así son los motivos ulteriores de la mayoría de matrimonios, como ya decía Tolstoi en “Sonata a Kreutzer”. Yel torbellino interior escuchando “Something” a su lado se sustituye por una balada casposa de algún mierdecilla mediocre como Luis Miguel o los tonticos esos de Operación Triunfo y asunto arreglado. Amor de todo a cien, amigos, que es al amor como el chopped al ibérico.

Quizás esta gente, pese a lo vomitivo que me resulta este paripé, esté en lo cierto. El amor es un cara o cruz tan grande que jugar a él te eleva a los cielos y te baja a los infiernos en un abrir y cerrar de ojos, hay que tener un alma batalladora y aventurera para dejarse arrastrar por los cantos de sirena y el gusanillo estomacal. Todos los que nos dimos la gran ostia alguna vez (todos los que hemos amado de verdad seguramente) pensamos durante un tiempo si no haríamos mejor en hacer como ellos, ir a lo sencillo y echarnos una novia para pasar el rato o para lucirla por el centro comercial como si fuera unas bambas nuevas. Muchos “werthers” cambiaron de bando y pasaron a engrosar las filas del amor mercenario, otros seguimos en nuestra romántica gilipollez pensando que un minuto de felicidad compensa meses o años de dolor ….

La verdad es que a “Gilda” le va como un guante esa canción de Sabina de “Amor se llama el juego”. Dos personas (la voluptuosa Rita Hayworth y Glenn Ford, un galán de Hollywood con pinta de currito) van del amor al odio a velocidad de crucero, insultándose (eso sí, con estilo) e incluso dándose guantazos. Si, habéis oido bien, en el Hollywood clásico no había ministerios de igualdad, incluso una buena bofetada a tu partenaire femenina estaba considerada un síntoma de glamour. Si tenéis ganas de opinar si está bien o mal os ruego lo hagáis en otros sitios, no tengo ganas de que esto se llene de nostálgicos rancios ni de féminas con bosque axilar.

Para que la señorita Gilda y el señor Farrell se avengan a estar juntos tiene que haber dos matrimonios, unos cuantos golpes, el monopolio mundial de tungsteno, un striptease y un asesinato. ¿Véis cómo el amor es una cosa complicada?. Es una película entretenida, sobre todo si eres un clasicófilo, pero tremendamente sobrevalorada al igual que sus protagonistas. Seguramente pasó a la historia por esos tres minutos del video de abajo: el amago de despelote de la Hayworth y el bofetón más famoso de todos los tiempos. Otro gallo hubiera cantado si hubiesen sido Bogart y Bacall, pero esa es otra historia.

 

Publicado en Cine | 2 Comentarios »

Candilejas (Charles Chaplin)

Publicado por raskolnikoff en Septiembre 3, 2009

Acabo de verla otra vez (no sé cuantas van ya) y vuelvo a sentir el mismo nudo en el estómago que en la primera. No tendría más de 10 años y me quedé con mi abuela en una de esas inolvidables noches de cine clásico en Tve2, noches donde empezaba a comprender esa genial frase de Mark Twain: “Nunca dejé que la escuela interfiriera en mi educación”. ¿Qué me iba a enseñar un maestro después de ver “Candilejas”? ¿Qué mejor lección de vida?. Ir el día siguiente a ese tétrico lugar lleno de curas barrigudos y asalariados a leer bazofia me revolvía las tripas ….

Con el paso de los años uno siempre vuelve a la infancia, es nuestra verdadera patria y lo demuestra el hecho de que ni nos avergonzamos de ella ni nos hace falta matar o humillar por ella. Y todos los pasos de la vida van buscando la vuelta a ese paraíso, a ese edén privado donde las obligaciones y los intereses mercantiles son cosas ajenas, un lugar donde no se huye de nada ni nadie y los recuerdos todavía no nos han hecho transitar la senda del alcohol y la mala conciencia. Por eso apreciamos tanto esas pequeñas cosas que, aun siendo felices individualmente, nos hacían soñar con que todo el universo dejaría de ser entrópico para convertirse en un lugar estable y armonioso.

“Candilejas” es una lección de vida, como decía antes. Chaplin no fue el más grande cineasta de todos los tiempos por su brillantez técnica ni por su genialidad como director, actor, músico o guionista. Lo fue porque siempre daba más de lo que se le pedía, el cine no era sólo cine para él. Aquél muchacho que nació pobre en un suburbio inglés llegó a lo más alto y tendió la mano, tal como dijo Abel Soria que es la obligación de los artistas, para que el pueblo llano riese y llorase con él, para que apreciase la vida y para que se diese cuenta que aún conociendo las ventajas del mal es preciso siempre elegir el bien. Chaplin es uno de los pocos ejemplos donde siendo trabajador y honesto se ha llegado a la cúspide, si viviese ahora en España saldría en “Callejeros” y recogería cartones para dormir de noche en un parque.

Es una película tan bella, tan triste y esperanzadora al mismo tiempo que la gente de lágrima fácil debería hacer acopio de pañuelos antes de verla. La vejez y la juventud, la vida y la muerte, el amor, la esperanza, la amargura de no ser lo que se fue; todo cabe aquí, todo desfila en un par de horas que no se olvidarán jamás. Chaplin y Claire Bloom son los amantes perfectos, el amor debería ser así y no estar supeditado a intereses personales y hobbies absurdos, el amor no se mensura. Si tu relación no es como la de ellos, si no piensas todos los días qué es lo mejor para la persona con la que estás deberías dejarla, así de claro.

Y el final ….. los dos grandes cómicos mudos mano a mano, como en los viejos tiempos (aunque le joda en la pelicula a Buster Keaton). Impagable escena la que cuelgo abajo, ver a ambos en la misma escena y ya entrados en años nos da la esperanza de que el genio no muere, que ni la muerte ni el tiempo son capaces de acabar con lo bueno que arrastramos desde atrás, desde la infancia, cuando comenzamos a soñar. No, ni la muerte ni el tiempo acaban con el amor ni con la vida, siempre habrá otro baile para Terry y para nosotros …

 

Publicado en Cine | 5 Comentarios »

Las noches blancas (Dostoievski/Visconti)

Publicado por raskolnikoff en Septiembre 1, 2009

A raíz de un corto (y genial) relato de Dostoievski, Visconti creó la más bella y fiel reproducción del espíritu de un libro que se haya hecho en el cine jamás. Entre la nieve, la bruma y la nórdica hermosura de María Schell parece que en vez de la urbe italiana la película se desarrolla en el San Petersburgo original.

La trama es tan simple como cautivadora: una bella moza, que vive con su abuela, se enamora de un misterioso personaje que alquila una habitación en su casa. Un día, tras fantasear durante largo tiempo, ambos se prometen; pero el individuo tiene que abandonar la ciudad por un año sin dar explicaciones. Sólo le promete que al volver se encontrarán allá donde se estaban despidiendo. Justo un año después, otro galán taciturno se encuentra llorando a la muchacha en un puente, se irán haciendo amigos y él se enamorará de ella, quedando todas las noches allá donde la enamorada espera ansiosa la vuelta de su prometido. Hasta aquí la sinopsis, no quiero chafar semejante obra maestra a aquéllos que les pique el gusanillo de la curiosidad por libro o película.

El lúgubre encanto del relato del genio ruso late en cada fotograma, al igual que la sensación de que el amor es un placebo para el sufrimiento vital. La desesperación de la falsa esperanza que invade las almas penetra en los sentidos, y sin darte cuenta estás embriagado de melancolía, esa sorda enemiga que te paraliza durante horas. Sólo por haber traspasado todo esto de la página al celuloide, Visconti ya merece su sitio en el Olimpo de los Dioses del cine. Y también Nino Rota, uno de los más grandes músicos del cine que siempre supo qué nota colocar en cada momento, siempre fue al compás de las tramas.

No puede faltar la mención a los actores. De María Schell sólo se puede decir que ninguna sonrisa brilló tanto en una pantalla. Y de Marcello Mastroianni, ¿qué se puede decir?. Es increíble ver cómo un hombre de su talla y aplomo se puede convertir en un “pagafantas” y convencerte de que nadie hubiera podido hacerlo mejor. A quienes hayáis estado enamorados hasta perder el norte no os será difícil reconoceros en él, en ese tipo atontado por el “amour fou” que ve como el objeto de su deseo está a la vez tan cerca y tan lejos.

Ved lo que el gran Marcello, cegado por esa belleza angelical,  puede hacer por amor:

 

Publicado en Cine | 2 Comentarios »

El sueño eterno (Howard Hawks)

Publicado por raskolnikoff en Agosto 31, 2009

Posiblemente sea el cine negro el que me hizo amar al cine de verdad, ése donde actúan sin que se note que están actuando, donde los diálogos son víboras que danzan en el silencio alumbrando verdades, donde los hombres bebían whisky con soda y las mujeres pedían fuego a los hombres con miradas lascivas y a la vez elegantes. Aquél donde el rey era Bogart y los príncipes eran James Cagney y Edward G. Robinson. Aquél donde Bacall iluminaba radiante los fotogramas llenos de oscuridad y sombras del alma. Nada podía impactar más a un niño de 8 ó 9 años que ver a Philip Marlowe bajo la lluvia con su sombrero y gabardina apuntando con su pistola bajo un aguacero a algún matón del hampa ….

Y es que nada malo podía resultar de un guión donde se mezcla un relato de Raymond Chandler con arreglos (al igual que en “Tener y no tener”) de Faulkner. Y nada malo puede salir de la unión de los mejores diálogos que hubo jamás en una película con actores como Bogart y Bacall, amén de los geniales secundarios de lujo que pululaban por estas películas y que realmente parecían sacados de los bajos fondos del Chicago de la época.

Creo que nunca Bogart fue tan Bogart como en “El sueño eterno”. Es tan difícil clasificarlo que sólo puedo recomendar ver la película para entender semejante genialidad, semejante hombría, semejante chulería “cool” como dicen los modernos. Bogart es el gran Dios, todo el mundo está a sus pies, no hay mujer que se resista a su masculinidad arrolladora (y eso que era realmente bajo), ni sicario que no se amilane ante su saber estar, ni misterio que su perspicacia no consiga descifrar. Para ser un superhéroe no hace falta capa ni superpoderes.

Es un alivio considerable saber que en estos tiempos de cutrez y chabacanería podemos refugiarnos en nuestro salón, poner esta película de noche, agarrar nuestra botella de whisky y disfrutar cómo alguien dice sin quedar como un palurdo: “¿Tienes un fósforo, muñeca?”. Menos mal que Bogey no sobrevivió a ésta época, no creo que soportase la ridiculez de ser tachado de machista o machisto por alguna confederación de malfolladas y que no le dejasen fumar ni beber. Ahora se estilan como ejemplos el progre hipócrita y afeminado estilo Emilio Aragón o el hombre de bien de centro derecha lleno de vicios camuflados bajo una familia “feliz”. Este camuflaje social es realmente repugnante. Como dije:  o tempora, o mores ….

 

 

Y por una vez y sin que sirva de precedente voy a prostituir el blog con publicidad. Lo hago por las siguientes razones, y en este orden:

1- Es una página en la que no se vende nada, el vil metal no está por medio.

2- Las fotografías son cojonudas, dignas de exposición, y vive Dios que soy objetivo.

3- Es un amigo con el que estoy en deuda perpetua por sacarme de tanto en tanto de esta cloaca y llevarme a un pueblo donde recargo la batería y donde soy tratado como un marajá.

4- Él sabe que odio la publicidad pero comprendo que hoy en día no usarla es competir en inferioridad evidente ante tanta morralla envuelta en purpurina. Aunque se tenga talento de sobra (como es el caso) hay que hacerlo saber para sobrevivir entre tanta mediocridad.

5- El sábado ya hicimos publicidad (amén de bebernos la mitad de la producción de alcohol anual de la región).

Echar un vistazo, realmente merece la pena:   http://www.80mm.es/

Publicado en Cine | Etiquetado: , , , , , , | 1 comentario

Tener y no tener (Howard Hawks)

Publicado por raskolnikoff en Agosto 30, 2009

Partiendo de una curiosa apuesta entre Hawks y el sobrevaloradísimo Hemingway, en la que el primero apostaba que podría hacer una gran película con cualquier pestiño del escritor, apareció en escena una de las mejores actrices (si no la mejor) que ha paseado palmito por Hollywood: La gran pantera, Lauren Bacall.

Ayer mismo, en la noche sabatina zaragozana, pude observar cómo ha decaído el glamour y el erotismo. Pedorras infumables vestidas todas del mismo modo, con el mismo peinado, faldas cortas que exhibían muslámenes dignos de un jamón ibérico, con más pintura en la cara que en un bote de Titanlux y un lenguaje y tono de voz más propio de un camionero que de una mujer. Afortunadamenre aún quedan mujeres con el “efecto Bacall”, hembras con mirada felina, de sensuales gestos, buena conversación y lengua mordaz que saben que lo que no se ve, si se maneja con estilo, es el veneno más irresistible para que un hombre pierda la cabeza. Son pocas, sí, pero las hay aún.

El caso es que no parece casualidad que Bogart y Bacall, pese a la diferencia de edad, se enamorasen como adolescentes en “Tener y no tener”. Cada palabra entre ellos, cada cruce de miradas y cada segundo que permanecen juntos ante la cámara parece que la pantalla del televisor se va a derretir, es asombroso el magnetismo entre la pantera adolescente y el halcón misántropo, la química sexual más grande de toda la historia del cine.

En cuanto a la película se podría decir que es como Casablanca con los únicos cambios de escenario (una isla tropical en lugar del norte de África), de actriz, de ocupación de Bogart (pescador en lugar de propietario de un salón) y de final, pues aunque Bogart siga por encima del bien y el mal mundiales esta vez se tira al vacío del amor por su “flaca” y se alinea con los aliados de un modo incondicional.

Las interpretaciones son magistrales, no sólo de los tortolitos sino de todo el personal, destacando un genial Walter Brennan haciendo de contramaestre borrachín de Bogart y del pianista del club, una versión años 40 de Tom Waits. Los escenarios, la música, la filmación, …. todo es tan mágico que uno se pregunta para qué cojones se inventaría el color y por qué a la gente le gusta el cine actual. O tempora, o mores ….

Si hay una escena mítica en “Tener y no tener” y en la carrera de Lauren Bacall es ésta, la definición perfecta de femme fatale:

 

Publicado en Cine | 3 Comentarios »

Tiempos modernos (Charles Chaplin)

Publicado por raskolnikoff en Agosto 20, 2009

Es tan redundante hablar de la temática progresista de “Tiempos modernos” que dejaré eso para todos los lenines de puño en alto que con su manido y putrefacto discurso facilón rellenan minutos de telediario y reuniones de opereta de patronales y partidos “de izquierdas”. Gente estúpida, sin duda.

A la vez que estúpida es esa decimonónica visión del ruedo ibérico en cuanto a política se refiere: los prohombres de derechas con corbata y traje perfectamente planchado, colonia de marca para ocultar el hedor a inseguridad y zapatos bien lustrosos. Optativo bigotito esmeradamente cuidado herencia de los tiempos donde el caudillo gobernaba la España de los curas con sobrepeso, del dolor de huevos y  del olor a rancio.

El progresista va con su chaqueta marrón, su pantalón de pana y sus zapatos de tienda de barrio. Imprescindible la ausencia de corbata y la apertura del primer ojal de la camisa. Da puntos la pilosidad facial y el uso de lentes para intelectualizar, cosa harto complicada ante la pinta de labriego garrulo del personaje que nos ocupa.

Dejando de lado a esta cuadrilla de hijos de puta de ambos bandos (en realidad no existe tal separación de bandos pero a ellos les interesa decir que sí por aquello de que el ciudadano crea que elige algo cada cuatro años y se perpetue esta milonga) queda poco que decir y mucho por ver. De similar facción a la “Metrópolis” de Lang, el gran Chaplin nos advirtió de la que nos venía encima. Nosotros cogimos la forma pero no el fondo, nos reímos muchísimo con esa sucesión de gags desternillantes y no hicimos caso a esa llamada al individualismo, a esa búsqueda de la dignidad del hombre que es propiedad de alguien. Como todo sabio consejo, éste fue desoído por la masa y en pleno siglo XXI seguimos siendo títeres de millonarios que despiden empleados debido a la crisis mientras por la otra línea compran mansiones en Saint Tropez.

Chaplin era grande en todo. No sólo dirigía, actuaba, producía, componía y demás, no. Sus películas eran sinfonías de cine, cada punto es inobjetable, cada gota de sudor del genio inglés derivaba en una absoluta perfección, en la armonía más grande que el cine mudo llegó a ofrecer jamás. Sus películas eran un reloj, y quizás esto es la alabanza más grande que se le puede hacer a un director de cine.

Como a todo gran hombre, la masa se ensañó con él y le obligaron a exiliarse. Debió ser duro ver como tras haber llegado a la cima en el cine y habiendo facturado películas que no solamente eran obras de arte sino intentos desesperados de hacer un mundo mejor fuese expulsado de un país por líos de faldas …

Por suerte, las tuercas de la memoria colectiva siempre recordarán como en 1936 un hombre en pantalla se escurría por los engranajes de una maquinaria que devoraba el espíritu de la libertad. El que avisa no es traidor, ¿verdad, señor Chaplin?.  Cuelgo el video del final de la película, un final que para Chaplin y Paulette Goddard fue el inicio de una historia de amor que duraría, como dijo Sabina, “lo que duran dos peces de hielo en un whisky on the rocks”. Pero para la historia nuestra en general, y para ellos en particular, queda esa hermosa escena de dos personas que se aman y son libres. Que aunque lo bueno dure poco peor es no haberlo tenido, ¿no?.

 

Publicado en Cine | 2 Comentarios »

El último cazador (Nicolas Vanier)

Publicado por raskolnikoff en Marzo 16, 2009

Una de las cosas más tristes de la humanidad (no uso mayúsculas para esta palabra) actual es la completa indiferencia que siente hacia la Naturaleza. Una gran parte de culpa la tiene el giliecologismo de malabares y pelos rastas con el que los niños de papá aburridos matan el tiempo a la espera de acabar sus giliestudios ¿superiores? y pasar a engrosar las filas de una multinacional de las que tanto critican. Son gente patética, sin personalidad, que al verse incapaces de hacer algo útil en la vida tratan de justificar su vulgaridad quejándose del sistema (sin comprenderlo) y adorando a becerros de hojalata como Bono o Manu Chao que les dicen cómo vestir, qué música tienen que oir, adónde ir de vacaciones y donde comprar unos bongos artesanales fabricados con cáñamo jamaicano para ser más multiculturales y solidarios.

El daño que estos retrasados hace al ecologismo tira por tierra todos los intentos que gente que sí sabía lo que hacía y sí trabajaba en algo útil por el bien del mundo (como Mollison, Ralph Waldo Emerson, Thoreau o Fukuoka) lleva décadas intentando poner en práctica. Hoy en día cualquiera puede opinar; y esto, que es una de las cosas de las que más se enorgullece la democracia, mata toda la credibilidad de la gente que realmente debería opinar. El pueblo, que se ve enredado en una sobredosis de información la mayoría de las veces falsa, acaba asociando que el ecologismo significa quejarse por vicio, jugar al diábolo y tocarse los cojones todo el santo día fumando porros en el parque. “Antes que eso”, piensan, “prefiero que talen todos los bosques a que esa cuadrilla de parásitos nos diga lo que hay que hacer”. ¿Quién les culpa?.

“El último cazador” es una película basada en la vida de tres personas, dos tramperos de las Rocosas y la mujer india de uno de ellos. Da la casualidad que son esas tres mismas personas las que actúan y, la verdad, que no sean ni Marlon Brando, Dustin Hoffman y Meryl Streep me importa un bledo. Es un mensaje, un grito de auxilio, y nadie mejor que ellos para gritarlo. Son héroes de un mundo que se extingue, equivalentes tramperos de lo que en su día sentían aquellos buscavidas del Oeste americano que veían como la locomotora acababa con sus sueños de libertad comiéndose los territorios donde campaban a sus anchas los bisontes y los sioux. Las compañías madereras se apropian de todos los bosques bajo el beneplácito (comprado con dólares) de los gobiernos y a ellos no les queda otra que aceptar que los tiempos donde se podía vivir sin leer el Wall Street Journal van a pasar a mejor vida.

La fotografía es soberbia, la única canción que se oye es de Leonard Cohen (y aún así palidece ante el sonido del viento o de los arrendajos) y sólo se habla lo imprescindible, no hay necesidad de rellenar los vacíos con aburridas peroratas banales. En esto se parece mucho a otra película, “Las aventuras de Jeremiah Johnson”, de la que ya hablé en otro post. No hace falta hablar tanto allá arriba, amigos. Los árboles, los osos y los ríos son mejores conversadores que el más hábil de los sofistas de tercera de los que vemos dando mítines en los telediarios o los caudillos de cartonpiedra que pululan por estas castizas tascas y que arreglarían España en dos horas. Allá arriba se escucha, no se habla.

En fin, que si queréis oir a alguien sensato cómo este maldito y estúpido modo de vida autodestructivo está acabando con la esencia de la gente que se debería admirar os recomiendo esta película. Desgraciadamente mucho me temo que los gobernantes mundiales no harán ni puto caso del mensaje y que en breves lo más verde que veamos sea el ambientador de pino en el coche, pero aún así nos quedarán para siempre obras maestras como “Dersu Uzala”, Jeremiah, “Nanook el esquimal”, “Un hombre llamado caballo”, “Los últimos guerreros” (de Tom Berenger) o esta “El último cazador” para reconfortarnos imaginando que dormimos arrullados por el canto de una lechuza en vez de por una colección de canis botelloneros cantando la última del canto del moco. Y es que soñar es gratis ….

 

Publicado en Cine | 5 Comentarios »

Cowboy de medianoche (John Schlesinger) – 1969

Publicado por raskolnikoff en Septiembre 11, 2008

Hay gente que aún no sabe que Jon Voight, antes de fabricar ese oscuro objeto de deseo llamado Angelina Jolie, fue en la ficción un personaje totémico de la historia del cine. No es uno de mis actores preferidos, pero sólo por estas dos cosas ya puede irse tranquilo de este mundo. Quizás a algunos os guste “Campeón”, a mí me parece una versión Hollywood de una película de Parchís …

Joe Buck es el típico fracasado de las películas americanas, un don nadie que frega platos en un poblacho del Oeste perdido de la mano de Dios. Como todo americano medio anhela forrarse y vivir como un marajá, por lo que no duda en partir rumbo a New York donde no duda que con su percha y sus aires de cowboy renegado podrá vivir a lo grande dando amor a aburridas urbanitas adineradas.

Al llegar se da cuenta que entre la esperanza y la realidad media un abismo. A todos nos ha pasado alguna vez (incluso mil veces) el darnos cuenta demasiado tarde que eso que parecía tan al alcance de la mano o es imposible o exigirá un gasto por nuestra cuenta que no estamos dispuestos a pagar. La única que sucumbe a sus encantos sureños le engaña y es el pobre Joe el que acaba pagándole el taxi. Todas las ilusiones se desvanecen, comienzan las dudas, los porqués no llegan, las preguntas de qué cojones estoy haciendo yo aquí te ensimisman …

Ahí entra otro personaje totémico del cine, el cojo más famoso de todos los tiempos, el apolillado buscavidas Ratso Rizzo, una prueba más que no hay papel que se le resista a ese camaleón llamado Dustin Hoffman. A raíz de su encuentro Schlesinger nos mostrará lo que se esconde bajo las luces de neón de una metrópoli, la despiadada y cruel lucha por la supervivencia de los ciudadanos de segunda.

Joe Buck no sólo tendrá que ganarse la vida prostituyéndose incluso con hombres, encima tendrá que hacer de enfermero de Ratso. Éste es el mensaje positivo de la película, que hay gente que cuando la mierda le llega al cuello se ayuda en vez de apuñalarse por la espalda. Son dos seres marginales, dos garrapatas compartiendo la sangre del gran perro capitalista, dos antihéroes. Pocas cintas ofrecen una visión más patética y detalladamente vergonzante de los habitantes de la “otra América”.

Para el recuerdo queda la escena final, con Joe y Ratso huyendo de la cloaca neoyorquina en busca del sol de Florida. Siento destripárosla esta vez, pero la silenciosa y casi anónima muerte de Ratso es una de las escenas más conmovedoras que el cine nos ha ofrecido jamás. Una imagen vale más que mil palabras, la cara de Joe te deja pensando durante días sobre qué le estará viniendo a la cabeza. Esa ambigüedad la utiliza Schlesinger durante toda la película para narrarnos la relación entre los dos protagonistas, habiendo muchos que la han visto como un alegato homosexual. Si tenéis dudas preguntarle a Schlesinger, que la utilizaría también en su “Domingo sangriento”.

Para el recuerdo ha quedado también su paseo por las interminables calles de New York: Joe andando como si hubiera salido de OK Corral, piernas arqueadas, pasos rápidos, chulería innata del viejo Oeste donde los hombres parecen más hombres. Ratso, cojo, arrastrándose por el asfalto, soltando palabras como un kalashnikov, intentando seguir el galope de su amigo, insultando a un coche que está a punto de atropellarlos, puro “savoir faire” de la calle … La primera vez que la ví me teletransporté a un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, puede que Schlesinger leyese el Quijote, quién sabe.

Tampoco se os quitará de la cabeza la tonadilla del “Everybody’s talkin’” de Harry Nilsson, el hombre de quien dijo Lennon que era su cantante americano favorito y con el que compartirían whiskys y peleas por los pubs de la Gran Manzana en el “lost weekend” del ex-beatle con Bowie, Elton John y cía.

En resumen, una película tan descorazonadora y desagradable como genial.

 

Publicado en Cine | Etiquetado: , , , | 14 Comentarios »

El proceso (Orson Welles) – 1962

Publicado por raskolnikoff en Agosto 28, 2008

Tomando la novela inacabada de Kafka y (como suele ser habitual en él) haciendo algunos cambios en el guión, Orson Welles plasmó en pantalla la indefensión del hombre individual ante las fuerzas públicas. Nada malo podía salir de una mezcla entre el enigmático judío y el orondo americano porque si dos cosas geniales se juntan el sabor se potencia al máximo, como el vino y el jamón o el sexo y el amor.

 

Todo lo que pueda decir de esta película es poco, sólo quisiera mandar desde estas humildes líneas mi infinito agradecimiento al señor Socioapatía por haberme descubierto esta joya. Siempre me sucede que cuando un film me marca mucho me paso varias semanas sin ver otro, y con éste quedé casi paralizado durante días. No podía desviar mis pensamientos de esta grotesca pesadilla en blanco y negro.

 

El primer golpe de efecto de Welles es comenzar con el “Adagio” de Albinoni. ¿Quién se puede negar a ver una película que comience así, aunque la interpretaran el Resines y Loles León?. Acto seguido, un relato corto del propio Kafka leído y comentado por el cineasta, que ya nos ha ganado para la causa. Y los primeros diálogos entre el protagonista y sus interrogadores no tienen precio, de verdad.

 

De ahí al final podemos ver hecha imágenes la genial frase de Ralph Waldo Emerson, “la sociedad es una conspiración contra la personalidad de cada uno de sus miembros”. Welles encierra en dos horas toda la angustia que un hombre siente al verse en manos de una burocracia absurda, de hecho “El proceso” es como una mezcla entre la típica cinta americana sobre un condenado a muerte y una película de los Hermanos Marx. Imaginad cómo sería ser juzgados por algo que desconocéis y que los jueces fueran Groucho, Chico y Harpo tocando la bocina. Pues algo así pero en serio, dentro del tenebrismo decorativo más grande del cine desde aquellos filmes expresionistas alemanes de entreguerras de Lang o Murnau. Los escenarios opresivos y oscilantes hacen crecer todavía más el desasosiego, especialmente el cuarto del pintor con todos esos niños intentando colarse por las rendijas (video de abajo). Se puede oler el miedo y la angustia del protagonista, podemos imaginarnos en esa espiral de locura e indefensión, y todo esto es mérito del gigante Welles. Jamás me cansaré de elevar a este hombre a los altares.

 

El protagonista (Joseph K) es Anthony Perkins, un actor que para ser honestos nunca me ha convencido en absoluto, ni siquiera aquí. Siempre he dicho que me encantan “Psicosis” o “Asesinato en el Orient Express” a pesar de él. Lo veo tan inexpresivo ….  En las escenas en las que actúan juntos, el propio Orson Welles se lo come vivo. En féminas aparecen una bella Jeanne Moreau (la Carla Bruni de los 60) y Romy Schneider.

 

Me dejo mil cosas porque para comentar semejante maravilla habría que escribir un libro. La ambigüedad de los personajes, por ejemplo, es fascinante. La enfermera con atracción sexual hacia los enfermos, la aterradora sobrina cotilla y el tío de Joseph son geniales. Éste último se lleva la palma en la película, por un lado se preocupa realmente de él y por el otro es parte de la locura social que lo condena. La dualidad del ser humano.

 

En fin, que más haréis viéndola que leyendo a este gañán que transforma oro en cuatro líneas mal paridas. Tanto libro como película son imprescindibles. 

 

Publicado en Cine | Etiquetado: , , , , , | 5 Comentarios »

Sueños de un seductor (Herbert Ross/Woody Allen) – 1972

Publicado por raskolnikoff en Agosto 28, 2008

Gracias al maestro Ramón me enteré hace unos meses que mi película preferida de Woody Allen no la había dirigido él. Busqué en internet y resulta que el neurótico neoyorquino aún no se sentía del todo seguro detrás de la cámara, por lo que tuvo que recurrir a un director como Herbert Ross. Curioso es que tampoco tenía este hombre mucha experiencia. Cosas de Woody ….

El caso es que “Sueños de un seductor” es un tremendo homenaje a Humphrey Bogart en general y a “Casablanca” en particular. Allan (Woody Allen) es un crítico de cine recién divorciado de una mujer bastante liberal. Sus amigos, Dick y Linda (fantástica Dian Keaton), intentan conseguirle algún ligue para animarlo un poco pero cada intento acaba en fracaso por la torpeza de Allan.

El Woody Allen prototípico aparece cada vez que una falda le pasa por delante de las narices. Increíble es la escena donde intenta impresionar a una compañera del trabajo de Linda y acaba destrozando su cuarto de estar. O cuando se lleva a una cita a un tugurio de moteros …. Allan sufre de alucinaciones por partida doble: por un lado está Bogart, que no duda en aconsejarle seguridad y aplomo en si mismo. Por el otro, su ex que no para de recordarle lo poca cosa que es. No es de extrañar que los planes le salgan de esa manera al pobre.

El marido de Linda es un yuppie en toda regla. Su vida va de avión en avión y sólo le interesan los negocios y las fluctuaciones de la bolsa, por lo que Linda va pasando cada vez más tiempo con Allan. No tarda en aparecer el espíritu de Bogart para recordarle que es la única mujer con la que tiene afinidad, así que una cena íntima en casa será el “ahora o nunca” para él. Tendrá que luchar entre el amor de su vida y la amistad de su mejor amigo, algo parecido al triángulo amoroso de “Casablanca” entre Rick, Ilsa y Viktor Laszlo. Como de costumbre no contaré el final, pero quien haya visto la mítica película de Curtiz ya se puede hacer una idea de cómo acaba la cosa.

Hilarante de principio a fin, con un Woody Allen y una Diane Keaton magníficos, para mí es la cima cinematográfica del genial judío neurótico. Gran mérito tiene el crear un arquetipo, al igual que hicieran en sus tiempos Chaplin o los Hermanos Marx. Lástima que con el paso del tiempo se fuera repitiendo en exceso, pero están ahí sus primeras obras para recordarnos a ese urbanita inseguro, hipocondriaco y entrañable que forma parte de lo mejor de la historia del cine.

Os dejo un par de escenas tremendas:

 

Publicado en Cine | Etiquetado: , , , | 6 Comentarios »